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lunes, 1 de julio de 2024

🔼 Este es el único animal conocido que no necesita oxígeno para vivir

Un grupo de científicos describió en 2020 la ausencia de genoma mitocondrial en Henneguya salminicola 


H. salminicola, visto a través de un microscopioStephen Douglas Atkinson

Es bien sabido que, sin oxígeno, gran parte de la vida en la Tierra no existiría ni habría llegado a alcanzar la complejidad que terminó adquiriendo. Gracias a él, pudieron desarrollarse los organismos multicelulares, se formó la capa de ozono que nos protege e, igualmente, se produjeron eventos de extinción y diversificación que han conducido, junto a otros factores, a la biodiversidad actual. En paralelo, su trascendencia radica en que permite la producción eficiente de energía a través de la respiración celular y, además, hace funcionar al sistema nervioso e inmunológico, entre otras funciones. Sin él, los organismos aeróbicos morirían.

En 2020, sin embargo, se descubrió al único organismo hasta ahora conocido que no necesita oxígeno para vivir.

Llamado Henneguya salminicola, se trata de un parásito sin genoma mitocondrial que se hospeda comunmente en el salmón, tiene apenas diez células y pertenece al filo (categoría) de los cnidarios, del que también forman parte las anémonas, las medusas o los corales, y, más concretamente, a la clase de los mixozoos.

La particularidad de la ausencia de genoma mitocondrial es la característica que permite a H. salminicola ser anaeróbico (no necesitar oxígeno): entre las funciones de las mitocondrias –presentes en las células eucariotas, que son las que tienen una enorme variedad de organismos, como los animales, las plantas, las algas, los protozoos y los hongos–, está la descomposición de oxígeno para la producción de una molécula llamada trifosfato de adenosina. Sin mitocondrias, en definitiva, el parásito no puede recibir oxígeno.

«Nuestro descubrimiento confirma que la adaptación a un entorno anaeróbico no es exclusiva de los eucariotas unicelulares, sino que también ha evolucionado en un animal parásito multicelular», explicaron los investigadores de la Universidad de Tel Aviv, autores del hallazgo.

El parásito, bajo un microscopio fluorescenteStephen Douglas Atkinson

Aunque se desconoce a ciencia cierta, se cree que estos cnidarios realizaron un proceso de simplificación genética o reducción genómica, por el cual los organismos parásitos pierden funciones que no son necesarias en su entorno de habitabilidad.

El descubrimiento, además de sorprendente por ser un ejemplo de las estrategias evolutivas que pueden surgir según las condiciones ambientales y biológicas, amplía los conocimientos para la búsqueda y comprensión de la vida extraterrestre.

ENLACES:

https://www.eldebate.com/ciencia/20240701/este-unico-animal-conocido-no-necesita-oxigeno-vivir_209204.html

martes, 25 de junio de 2024

🔼 Rebeldes con clorofila: las malas hierbas de la acera

 Son un recordatorio de que la vida encuentra un camino incluso en los lugares más inhóspitos, y que la belleza puede brotar en los rincones más inesperados


Las malas hierbas de la acera son mucho más que malas hierbas archivo

En el asfalto gris de las urbes, entre el bullicio de coches y peatones, se libra una batalla silenciosa pero constante: la guerrilla botánica. Protagonizada por un ejército de plantas rebeldes, las malas hierbas, estas tenaces guerreras de la naturaleza desafían las leyes de la jardinería y se alzan con orgullo en las grietas del hormigón.

Las malas hierbas asoman entre las baldosas de la acera y por las alcantarillas. A menudo vistas como intrusas molestas que afean el paisaje urbano, estas plantas tenaces esconden un mundo fascinante lleno de historias, curiosidades y, en algunos casos, incluso utilidades.

Un ejército de supervivientes

Las malas hierbas son como pequeños guerreros de la naturaleza. Poseen una increíble capacidad de adaptación, colonizando los rincones más inhóspitos de la ciudad. Soportan la sequía, la contaminación y el pisoteo constante de los peatones, demostrando una resistencia envidiable.

Para sobrevivir en el hostil entorno urbano, las malas hierbas han desarrollado un arsenal de estrategias. Algunas, como el diente de león, poseen semillas provistas de un paracaídas natural que les permite viajar largas distancias en busca de un nuevo hogar. Otras, como la hierba cana, tienen raíces profundas que les permiten acceder a la humedad del subsuelo. Y no faltan las que, como la verbena, desprenden un aroma intenso que ahuyenta a sus competidores.

Más que simples intrusas

A pesar de su mala fama, las malas hierbas no son solo intrusas molestas. Algunas de ellas, como el llantén mayor, tienen propiedades medicinales y se han utilizado tradicionalmente para tratar heridas, aliviar picaduras de insectos o calmar la tos. Otras, como la ortiga, pueden ser un ingrediente delicioso en ensaladas o sopas, si se saben preparar adecuadamente.

Las malas hierbas también están ligadas a un sinfín de historias y leyendas. Se dice que la hierba gatera atrae a los gatos por su aroma irresistible, mientras que la madreselva simboliza el amor eterno. Incluso algunas culturas las consideran plantas sagradas con poderes curativos o protectores.

En medio del asfalto y el cemento, las malas hierbas nos recuerdan la presencia constante de la naturaleza. Son un recordatorio de que la vida encuentra un camino incluso en los lugares más inhóspitos, y que la belleza puede brotar en los rincones más inesperados.

ENLACES:

https://www.abc.es/ciencia/rebeldes-clorofila-malas-hierbas-acera-20240624134831-nt.html

lunes, 22 de abril de 2024

🔼 LAS CÉLULAS ENVEJECEN POR DAÑOS EN LA MEMBRANA


 Un nuevo estudio ha descubierto que el daño mecánico a la membrana celular puede inducir la senescencia celular en células humanas


Nuestras células están rodeadas por una frágil membrana de sólo 5 nanómetros de grosor, 1/20 del de una pompa de jabón. Las actividades fisiológicas, como la contracción muscular y las lesiones en los tejidos, dañan fácilmente las células. Para hacer frente a estos daños, las células están equipadas con mecanismos que pueden reparar hasta cierto punto los daños en la membrana.

Hasta ahora se creía que el daño mecánico a la membrana celular desencadenaba dos resultados celulares simples: la recuperación o la muerte. En este estudio, sin embargo, los investigadores descubrieron un tercer resultado: la senescencia celular.

«Cuando empecé este proyecto, mi objetivo era simplemente comprender los mecanismos de reparación de la membrana celular dañada», recuerda el profesor Keiko Kono, jefe de la unidad de Membranología y autor principal de este estudio. «Inesperadamente, acabamos descubriendo que el daño en la membrana celular, en cierto sentido, cambia el destino de las células».

La clave para determinar el destino celular es la extensión del daño y la subsiguiente afluencia de iones de calcio. El daño fino de la membrana celular puede repararse fácilmente, lo que permite a las células continuar la división celular sin problemas. El nivel más alto de daño de la membrana celular induce la muerte celular. Sin embargo, un nivel medio de daño de la membrana celular convierte a las células en células senescentes varios días después, a pesar de que el resellado de la membrana parece tener éxito.

LAS CÉLULAS NO SON INMORTALES
Las células cancerosas se dividen ilimitadamente. En cambio, las células normales no cancerosas tienen una capacidad limitada de división celular: unas 50 veces antes de que la división se detenga irreversiblemente y las células entren en un estado conocido como senescencia celular. Las células senescentes siguen siendo metabólicamente activas, pero a diferencia de las células jóvenes y sanas, producen diversas proteínas secretoras que aumentan la respuesta inmunitaria tanto en los tejidos cercanos como en los órganos distantes. Este mecanismo puede inducir cambios beneficiosos y perjudiciales en nuestro organismo, como la aceleración de la cicatrización de heridas, la promoción del cáncer y el envejecimiento.

Durante la última década, numerosos estudios han informado de la existencia de células senescentes en cuerpos animales, incluidos los humanos, y de que la eliminación de células senescentes puede rejuvenecer las funciones corporales en animales de experimentación. Sin embargo, la causa de la senescencia celular en el cuerpo humano sigue siendo un tema controvertido. «El perfil de expresión génica y la bioinformática sugirieron que los daños en la membrana celular explican el origen de las células senescentes en nuestro cuerpo, concretamente las que se encuentran cerca de tejidos dañados», explica el profesor Kono.

El inductor mejor establecido de la senescencia celular es la división celular repetida. Muchos otros factores de estrés también inducen la senescencia celular en el laboratorio, como los daños en el ADN, la activación de oncogenes y los cambios epigenéticos. Durante mucho tiempo, el dogma en el campo de la investigación fue que varios tipos de estrés inducen la senescencia celular en última instancia a través de la activación de la respuesta al daño del ADN. Sin embargo, los autores descubrieron que los daños en la membrana celular inducen la senescencia celular a través de un mecanismo diferente en el que intervienen los iones de calcio y el gen supresor de tumores p53. Estos hallazgos pueden contribuir a desarrollar una estrategia para lograr una longevidad saludable en el futuro.

ENLACES:

https://quo.eldiario.es/salud/q2402810132/las-celulas-envejecen-por-danos-en-la-membrana/

🔼 LOS GUSANOS MICROSCÓPICOS DE CHERNÓBIL QUE RESISTEN A LA RADIACIÓN

 


Los gusanos microscópicos que viven en el entorno altamente radiactivo de la Zona de Exclusión de Chernóbil (ZEC) parecen hacerlo completamente libres de daños por radiación

Los nematodos recogidos en la zona no han mostrado signos de daños en sus genomas, contrariamente a lo que cabría esperar de organismos que viven en un lugar tan peligroso. El hallazgo no sugiere que la ZEC sea un sitio seguro, dicen los investigadores, sino que más bien los gusanos son resistentes y capaces de adaptarse hábilmente a condiciones que podrían ser inhóspitas para otras especies.


Según un equipo de biólogos dirigido por Sophia Tintori, de la Universidad de Nueva York, esto podría ofrecer algunas ideas sobre los mecanismos de reparación del ADN que algún día podrían adaptarse para su uso en medicina humana.


LOS SUPERGUSANOS

Desde la explosión de un reactor de la central nuclear de Chernóbil en abril de 1986, la zona que la rodea y la cercana ciudad ucraniana de Pripyat están estrictamente prohibidas a todo el mundo sin autorización gubernamental. Los materiales radiactivos depositados en el medio ambiente exponen a los organismos a niveles extremadamente inseguros de radiación ionizante, lo que aumenta enormemente el riesgo de mutación, cáncer y muerte.


Pasarán miles de años antes de que «Chornobyl», como se escribe en Ucrania, vuelva a ser segura para la habitación humana. La mayoría de nosotros lo sabemos y nos mantenemos alejados. Pero los animales no entienden que hay que alejarse. Van donde quieren, y la zona de exclusión se ha convertido desde entonces en una extraña especie de santuario animal radiactivo de 2.600 kilómetros cuadrados.


Los análisis de los animales que viven en la zona han mostrado claras diferencias genéticas con los que no viven en ella. Pero aún hay mucho que desconocemos sobre los efectos de la catástrofe en los ecosistemas locales.


«Chornobyl fue una tragedia de dimensiones incomprensibles, pero aún no conocemos a fondo los efectos de la catástrofe en las poblaciones locales», afirma Tintori. «¿El repentino cambio medioambiental seleccionó especies, o incluso individuos dentro de una especie, que son naturalmente más resistentes a la radiación ionizante?».


Una forma de responder a esta pregunta es estudiar los nematodos, gusanos microscópicos que viven en diversos hábitats (incluidos los cuerpos de otros organismos). Los nematodos pueden ser extraordinariamente resistentes; se han dado múltiples casos de nematodos que han resucitado tras miles de años congelados en el permafrost.


Tienen genomas sencillos y vidas cortas, lo que permite estudiar varias generaciones en poco tiempo. Esto los convierte en excelentes organismos modelo para estudiar una serie de cosas, desde el desarrollo biológico hasta la reparación del ADN y la respuesta a las toxinas. Por eso Tintori y sus colegas excavaron en Chornobyl para encontrar nematodos de la especie Oschieus tipulae, que suele vivir en el suelo.


Recogieron cientos de nematodos de la fruta podrida, la hojarasca y el suelo de la ZEC, utilizando contadores Geiger para medir la radiación ambiental y llevando trajes protectores contra el polvo radiactivo. Los investigadores cultivaron en laboratorio casi 300 de los gusanos recogidos y seleccionaron 15 especímenes de O. tipulae para secuenciar su genoma.


Estos genomas secuenciados se compararon después con los genomas secuenciados de cinco especímenes de O. tipulae de otras partes del mundo: Filipinas, Alemania, Estados Unidos, Mauricio y Australia.


Los gusanos de la CEZ eran en su mayoría más similares genéticamente entre sí que con los otros gusanos, y la distancia genética correspondía a la distancia geográfica de toda la muestra de 20 cepas. Pero no había indicios de daños en el ADN debidos al entorno de radiación.


El equipo analizó minuciosamente el genoma de los gusanos y no halló indicios de los reordenamientos cromosómicos a gran escala que cabría esperar de un entorno mutagénico. Tampoco hallaron correlación alguna entre la tasa de mutación de los gusanos y la intensidad de la radiación ambiental en el lugar de procedencia de cada uno de ellos.


Por último, realizaron pruebas con los descendientes de cada una de las 20 cepas de gusanos para determinar el grado de tolerancia de la población a los daños en el ADN. Aunque cada linaje tenía un nivel de tolerancia diferente, éste tampoco guardaba correlación con la radiación ambiental a la que estuvieron expuestos sus antepasados.


El equipo sólo pudo concluir que no hay pruebas de ningún impacto genético del entorno de la ZEC en los genomas de O. tipulae. Y lo que sí encontraron podría ayudar a los investigadores a tratar de averiguar por qué algunos humanos son más susceptibles al cáncer que otros.


«Ahora que sabemos qué cepas de O. tipulae son más sensibles o más tolerantes al daño del ADN, podemos utilizarlas para estudiar por qué unos individuos son más propensos que otros a sufrir los efectos de los carcinógenos», afirma Tintari. «Pensar en cómo los individuos responden de forma diferente a los agentes que dañan el ADN en el medio ambiente es algo que nos ayudará a tener una visión clara de nuestros propios factores de riesgo».

ENLACES:

https://quo.eldiario.es/ciencia/q2403519415/los-gusanos-microscopicos-de-chernobil-que-resisten-a-la-radiacion/

🔼 BACTERIAS MORTALES SEDIENTAS DE SANGRE HUMANA

 


Algunas de las bacterias más mortíferas del mundo buscan sangre humana y se alimentan de ella, un fenómeno recién descubierto que los investigadores denominan «vampirismo bacteriano»


Un equipo dirigido por investigadores de la Universidad Estatal de Washington ha descubierto que las bacterias se sienten atraídas por la parte líquida de la sangre, o suero, que contiene nutrientes que las bacterias pueden utilizar como alimento. Una de las sustancias químicas que parecía atraer especialmente a las bacterias era la serina, un aminoácido presente en la sangre humana que también es un ingrediente habitual de las bebidas proteicas.


El hallazgo de la investigación, publicado en la revista eLife, proporciona nuevos conocimientos sobre cómo se producen las infecciones del torrente sanguíneo y cómo podrían tratarse. «Las bacterias que infectan el torrente sanguíneo pueden ser letales», afirma Arden Baylink, profesor de la Facultad de Veterinaria de la WSU y autor de la investigación. «Aprendimos algunas de las bacterias que más comúnmente causan infecciones del torrente sanguíneo en realidad detectar un producto químico en la sangre humana y nadar hacia ella.»


Baylink y la autora principal del estudio, la estudiante de doctorado de la WSU Siena Glenn, descubrieron que al menos tres tipos de bacterias, Salmonella enterica, Escherichia coli y Citrobacter koseri, se sienten atraídas por el suero humano. Estas bacterias son una de las principales causas de muerte de las personas que padecen enfermedades inflamatorias intestinales (EII), alrededor del 1% de la población. Estos pacientes suelen tener hemorragias intestinales que pueden ser puntos de entrada de las bacterias en el torrente sanguíneo.


Utilizando un sistema de microscopía de alta potencia diseñado por Baylink y denominado Chemosensory Injection Rig Assay, los investigadores simularon una hemorragia intestinal inyectando cantidades microscópicas de suero humano y observando cómo las bacterias navegaban hacia la fuente. La respuesta es rápida: las bacterias patógenas tardan menos de un minuto en encontrar el suero.


Como parte del estudio, los investigadores determinaron que la Salmonella tiene un receptor proteínico especial llamado Tsr que permite a las bacterias detectar el suero y nadar hacia él. Mediante una técnica llamada cristalografía de proteínas, pudieron ver los átomos de la proteína que interactúan con la serina. Los científicos creen que la serina es una de las sustancias químicas de la sangre que las bacterias detectan y consumen.


«Aprendiendo cómo estas bacterias son capaces de detectar las fuentes de sangre, en el futuro podríamos desarrollar nuevos medicamentos que bloqueen esta capacidad. Estos medicamentos podrían mejorar la vida y la salud de las personas con EII que corren un alto riesgo de contraer infecciones del torrente sanguíneo», afirma Glenn.

ENLACES:

https://quo.eldiario.es/curiosidades/q2404583127/bacterias-mortales-sedientas-de-sangre-humana/

jueves, 25 de enero de 2024

🔼 El virus que nos hizo humanos

 Investigadores descubren los restos del ADN de un antiguo virus mezclado en la actualidad con nuestro propio material genético e indispensable para que seamos como somos


El virus que nos hizo humanos ARCHIVO

Un equipo de investigadores de Canadá y Singapur acaba de descubrir que los restos del ADN de un antiguo virus que en la actualidad está mezclado con nuestro propio material genético, debe por fuerza estar presente para que las células madre humanas sean "pluripotentes". En un artículo que se publica esta semana en Nature Structural and Molecular Biology, los científicos explican que al "deshabilitar" ese remanente vírico en células madre, éstas perdían su capacidad de crecer y convertirse en cualquiera de los diferentes tipos de células que posee un ser humano.

Para comprender la importancia de este hallazgo, baste pensar que todas las células que componen nuestro cuerpo, ya sean de la piel, el cabello, el cerebro, los huesos o el corazón, empezaron su existencia siendo células madre. Y las células madre tienen la capacidad de "especializarse" y convertirse después en cualquier otro tipo de célula. Sin esa extraordinaria capacidad, nuestro desarrollo sería imposible.

Sin embargo, sigue siendo un misterio cómo sabe una célula madre que debe convertirse en un tipo de célula y no en otro. Un proceso, por cierto, que cuando falla conduce a un buen número de graves enfermedades. Ahora, los investigadores creen haber descubierto el origen de esa "milagrosa" capacidad. Y están convencidos de que se encuentra en el ADN de un antiguo virus.

ADN basura

Hace ya mucho tiempo que se conoce la presencia de fragmentos de ADN vírico insertado en nuestra propia información genética. Esos fragmentos llegaron allí, probablemente, debido a una infección ocurrida hace cientos de miles, o incluso millones, de años. Como se sabe, los retrovirus se reproducen al "inyectar" su propio ADN en el del huesped invadido. Pero hasta ahora los científicos habían pensado que esos remanentes eran simples residuos, "ADN basura" sin ninguna utilidad concreta.

Se equivocaban. Ahora parece claro que por lo menos uno de estos fragmentos de ADN (el llamado HERV-H), juega un importante papel, ni más ni menos, que en la imprescindible capacidad de plutripotencia de nuestras células madre.

Para descubrirlo, los investigadores trataron algunas células madre humanas con una pequeña cantidad de ARN diseñado específicamente para suprimir el HERV-H. Al hacerlo, descubrieron que las células madre tratadas perdían su habilidad para convertirse en cualquier clase de célula diferenciada. Un análisis más detallado reveló, además, que al suprimir el HERV-H también se suprimía la producción de las proteínas indispensables para la pluripotencia.

La conclusión no podía ser otra: Por lo menos en los humanos, esos restos de ADN vírico resultan necesarios para el desarrollo normal de un ser humano. Sin ellos, de hecho, la vida humana sería imposible.

El siguiente paso consiste ahora en averiguar si también otros fragmentos aparentemente inútiles de ADN vírico juegan también papeles importantes en nuestro desarrollo o on alguna otra característica de nuestra especie. Es sólo cuestión de tiempo averiguarlo. Y de mucho, mucho trabajo.



ENLACES:

https://www.abc.es/ciencia/20140401/abci-virus-hizo-humanos-201404010946.html

jueves, 27 de julio de 2023

🔼 Resucitado un gusano nunca visto tras pasar 46.000 años congelado bajo el hielo en Siberia

 

La nueva especie devuelta a la vida desde el Pleistoceno puede ayudar a explicar la extraordinaria capacidad de estas criaturas para pasar decenas de miles de años en estado de latencia



Un equipo internacional de científicos ha conseguido devolver a la vida a un nematodo tras pasar unos 46.000 años, desde el Pleistoceno, congelado bajo el permafrost siberiano. El gusano, que se encontraba a 40 metros bajo la superficie, es una especie nueva para la ciencia.


Algunos animales, como los ultrarresistentes tardígrados (viven sin agua durante décadas y soportan la radiación), los rotíferos (seres multicelulares que solo son visibles al microscopio) y los nematodos, pueden sobrevivir en condiciones adversas al entrar en un estado de latencia conocido como criptobiosis. No es la primera vez que los investigadores recuperan a estas criaturas tras miles de años de congelación. En 2018, por ejemplo, el deshielo del permafrost siberiano permitió la resurrección de unos nematodos de 42.000 años.

En el nuevo estudio, publicado este jueves en 'PLoS Genetics', Anastasia Shatilovich, del Instituto de Problemas Fisicoquímicos y Biológicos en la Ciencia del Suelo RAS en Rusia, logró revivir dos nematodos congelados en una madriguera fosilizada en depósitos de limo en el permafrost. Tras descongelar a los gusanos en laboratorio, un análisis de radiocarbono del material vegetal de la madriguera reveló que estos depósitos intactos, a 40 metros de profundidad, no se habían descongelado desde finales del Pleistoceno, hace entre 45.839 y 47.769 años.

Los investigadores comenzaron a trabajar con los gusanos para intentar conocer qué vías moleculares y metabólicas utilizan estos organismos para permanecer en estado latente y durante cuánto tiempo pueden suspender la vida como 'zombis', algo que no se entiende completamente.


Mediante la secuenciación del genoma, el ensamblaje y el análisis filogenético de la relación del nematodo con las especies modernas, los investigadores determinaron que los gusanos pertenecen a una especie no descrita anteriormente, a la que bautizaron como Panagrolaimus kolymaensis, en reconocimiento a la región del río Kolyma en la que se originó. Al comparar su genoma con el del organismo modelo, Caenorhabditis elegans, identificaron genes comunes que están implicados en la criptobiosis.

El riesgo de los patógenos que 'viajan en el tiempo'

Los patógenos antiguos que escapan del permafrost derretido tienen un potencial real para dañar las comunidades microbianas y podrían amenazar potencialmente la salud humana, según un nuevo estudio realizado por Giovanni Strona y su equipo, del Centro Común de Investigación de la Comisión Europea, publicado en 'PLOS Computational Biology'. Strona cuantificó los riesgos ecológicos que plantean estos microbios mediante simulaciones por computadora. Realizó una simulación por la que patógenos digitales similares a virus invaden comunidades de huéspedes similares a bacterias. Los antiguos patógeneos a menudo podían sobrevivir y evolucionar. El 3% se volvió dominante. Y alrededor del 1% produjo resultados impredecibles: algunos causaron la extinción de hasta un tercio de la especie huésped. Los investigadores dicen que aunque el porcentaje pueda parecer pequeño, aún puede resultar un peligro considerable. Los riesgos que plantean los patógenos revividos, hasta ahora limitados a las historias de ciencia ficción, podrían ser poderosos impulsores del cambio ecológico y amenazas para la salud humana.

Récord de congelación

Cuando se desecaron levemente en el laboratorio, ambas especies aumentaron la producción de un azúcar llamado trehalosa, que puede ayudarlas a sobrevivir a la desecación y congelación severas. Probaron las capacidades de supervivencia de P. kolymaensis y descubrieron que la exposición a una desecación leve antes de la congelación ayudó a preparar a los gusanos para la criptobiosis y mejoró la supervivencia a una temperatura extrema de -80 °C. Este tratamiento también benefició a las larvas de C. elegans, que luego sobrevivieron 480 días a -80°C sin reducciones en la viabilidad o reproducción después de la descongelación.


Este estudio extiende la criptobiosis más larga descubierta en nematodos en miles de años. Al adaptarse para hacer frente a condiciones extremas, como el permafrost, durante períodos cortos de tiempo, los nematodos podrían haber ganado el potencial de permanecer inactivos durante escalas de tiempo geológicas.

«Nuestros hallazgos son esenciales para comprender los procesos evolutivos porque los tiempos de generación pueden variar desde días hasta milenios y porque la supervivencia a largo plazo de los individuos de una especie puede resultar en el resurgimiento de linajes que de otro modo se habrían extinguido», concluye Philipp Schiffer, uno de los autores que supervisó el estudio. El investigador está convencido de que «estudiar la adaptación de las especies a ambientes tan extremos mediante el análisis de sus genomas nos permitirá desarrollar mejores estrategias de conservación frente al calentamiento global».

ENLACES:

https://www.abc.es/ciencia/resucitado-gusano-nunca-visto-tras-pasar-46000-20230727134307-nt.html

jueves, 15 de junio de 2023

🔼 La intrigante lengua de las serpientes, una pieza clave para descifrar su entorno

 La evolución ha cincelado la boca y la lengua de las serpientes hasta convertirlas en una especie de laboratorio químico portátil que les permite conocer el ambiente que les rodea y conseguir cazar incluso en plena oscuridad.


Atardece. Muy pocos rayos de luz consiguen superar la densa vegetación típica de la Amazonía peruana. La oscuridad empieza a inundarlo todo. Ramas, hierbas y lianas son solo algunos de los obstáculos que impiden obtener una visión detallada del entorno. Además, el sonido de multitud de chicharras, aves e incluso algunos primates en la lejanía, provoca un ambiente tan fascinante como ensordecedor. Un ambiente que desafiaría la capacidad de orientación de cualquier ser humano de no ser por la tecnología.

Pero este ambiente tan hostil para muchos animales, incluidos los humanos, no es tan adverso para muchas otras especies.


Un ejemplo de ello es la boa arborícola (Corallus hortulana) la cual cuenta con un aliado que le permitirá salir victoriosa al enfrentarse a un ambiente tan a priori desfavorable: la quimiorrecepción. Este sofisticado sistema con el que "leer" el entorno a partir de estímulos químicos es la forma más antigua y extendida de recepción y transferencia de información en el reino animal. Puede proveer información sobre la ubicación de presas, escondites o puntos de agua, informar sobre la presencia de depredadores, facilitar la discriminación entre el olor del propio individuo, familiares o ejemplares de otras especies, o incluso servir para diferenciar entre sexos y evaluar la calidad de rivales o de posibles pretendientes. Un complejo laboratorio químico natural en toda regla.


Un laboratorio portátil

Para la quimiorrecepción, además del gusto y del olfato, las serpientes poseen en el techo de la boca los órganos vomeronasales – u órgano de Jacobson – que, junto con la lengua, forman el denominado “sistema lengua-órgano vomeronasal”. De este modo, este juvenil de boa arborícola traducirá las señales químicas del entorno a través de un sofisticado ordenador de abordo formado por dos mecanismos funcionalmente complementarios. Primero, las partículas olorosas pueden ser recogidas a través de las narinas situadas en el hocico de la serpiente y posteriormente procesadas en los órganos olfativos. Esto puede llevar a que, a continuación, el sistema lengua-órgano vomeronasal se estimule, y empuje a la serpiente a sacar la lengua en busca de más información.

Es precisamente ese particular contoneo y la forma bifurcada de la lengua de las serpientes uno de los rasgos más llamativos de estos animales. Parafraseando a Aristóteles, la lengua bifurcada podría ofrecer a las serpientes “doble placer para los sabores, siendo la sensación gustativa duplicada”. Sin embargo el beneficio evolutivo que les ofrece esta curiosa lengua poco tiene que ver con el incremento de los placeres gustativos.


La curiosa evolución de las lenguas

Hoy se conoce bastante más sobre la complejidad que rodea a la forma y el movimiento de la lengua de estos reptiles. Por ejemplo, sabemos que este poderoso músculo actúa como un “recogedor” de partículas químicas del ambiente. Estas partículas están formadas por compuestos que pueden ser volátiles o no, y para su captura la evolución ha dotado a las serpientes de diferentes movimientos linguales. Los oscilatorios, que generan vórtices de aire alrededor de la lengua para recoger compuestos volátiles; y las protusiones simples descendientes, que orientan la lengua hacia el sustrato con el fin de obtener información química del mismo. Además, el hipnótico baile que perpetran las serpientes con su lengua es energéticamente costoso, por lo que el número de protusiones linguales habrá evolucionado entre especies para ser el óptimo de acuerdo al ambiente y momento del ciclo de vida en el que se encuentren.


También se sabe que la bifurcación de la lengua permite a las serpientes abarcar una mayor superficie sobre la que recabar información, generando así gradientes químicos en base a los cuales triangular su movimiento. En otras palabras, en la búsqueda por ejemplo de una presa, al seguir la serpiente los estímulos químicos desprendidos por esta, si una de las puntas de la lengua no los detecta, pero la otra sí, la serpiente corregirá el movimiento de la cabeza en dirección a la punta que ha detectado el estímulo para, de este modo, mejorar su orientación respecto a la propia presa. Si ambas puntas detectan el estímulo, esto significará que la serpiente se mueve en la dirección correcta. Y sí, en las lenguas de las serpientes, el tamaño importa. Una mayor dimensión de la lengua facilitará que con cada lengüetazo la serpiente recoja más información con la que descifrar el puzle de señales que invaden el entorno.


Por lo tanto, y aunque Aristóteles no estaba tan lejos de la verdad, hoy atesoramos suficiente conocimiento para no solo comprender, si no admirar, la fascinante maquinaria que hay detrás del movimiento de la lengua de las serpientes.

ENLACES:

https://www.nationalgeographic.com.es/naturaleza/maravillosa-lengua-serpientes-laboratorio-natural-portatil_17388

lunes, 5 de junio de 2023

🔼 En la Tierra hay un número 'exponencialmente mayor' de bacterias de lo que creíamos

 Un estudio pionero demuestra que, solo los arrecifes de coral del Pacífico, ya contienen más clases de microbios que las estimaciones actuales para todo el planeta


Casi tres millones de tipos diferentes. Ese es el extraordinario número de especies de bacterias que viven en los arrecifes de coral del Océano Pacífico. Al descubrirlo, la sorpresa de los investigadores fue mayúscula porque esa cifra, tres millones, es muy similar a la que se maneja para referirse al total de la variedad del microbioma terrestre. En otras palabras, al parecer hemos subestimado, y mucho, la diversidad de bacterias que viven en nuestro planeta.


El estudio, durante dos años, de 99 arrecifes del Pacífico por parte de un equipo de investigadores encabezados por el microbiólogo Pierre Galand, de la Universidad de la Sorbona en París, no deja lugar a dudas. El nuevo conteo de bacterias, el más preciso llevado a cabo hasta el momento, sugiere que el número de clases de bacterias diferentes en la Tierra es «exponencialmente más alto» de lo que pensábamos. El trabajo se ha publicado en 'Nature Communications'.

Los arrecifes de coral representan menos del 1 por ciento del océano, pero albergan casi un tercio de las especies marinas conocidas de animales y plantas. No en vano, se encuentran entre los ecosistemas más diversos de la Tierra. Y los microbios resultan esenciales para mantener saludables a la plétora de criaturas que viven ahí.


A pesar de su importancia, sin embargo, a los científicos no les resulta fácil saber cuántas clases de bacterias hay, y qué es lo que hace exactamente cada una. La mayoría de los estudios estudian las especies que viven en una pequeña parcela del arrecife, o se centran en una única especie. Pero las investigaciones globales escasean, porque son muy difíciles y costosas de hacer.


Expedición Tara

La expedición de Galand y sus colegas, llamada Tara, se llevó a cabo entre 2016 y 2018. Durante ese tiempo, los investigadores visitaron 99 arrecifes de coral diferentes, y en cada uno de ellos recolectaron muestras de plancton, tres especies de coral y dos especies de peces, acumulando un total de 5.392 muestras. Luego, el equipo clasificó cuántas variedades de bacterias podían encontrar en cada muestra, basándose en las diferencias genéticas entre los microbios. Así, secuenciaron una sección clave del ADN de las bacterias y arqueas presentes en las muestras, de las que resultaron unos 3.000 millones de secuencias genéticas. Entre ellas hallaron más de medio millón de secuencias únicas, lo que indica una enorme diversidad microbiana.


La palabra 'especie' no funciona demasiado bien cuando se aplica a las bacterias, porque a menudo resulta difícil comparar características físicas concretas en organismos tan pequeños. Pero con los análisis genéticos es diferente. Gracias a ellos, en efecto, los investigadores identificaron más de 540.000 variedades bacterianas que viven en los tres tipos de organismos analizados (plancton, coral y peces). Y resulta que solo ese número, obtenido de una pequeña representación de la fauna presente en los arrecifes del Pacífico, representa ya cerca del 20 por ciento del total estimado de las clases de bacterias que viven en la Tierra, que oscila entre los 2,72 y los 5,44 millones.


Por eso, teniendo en cuenta la gran cantidad de especies de peces y corales que viven en el Pacífico occidental y central, Galand y su equipo estimaron que sólo en los arrecifes de coral de ese océano deben existir por lo menos seis veces más tipos de bacterias que los encontrados. Es decir, alrededor de 2,8 millones de tipos diferentes.

Con todo, los autores creen que la diversidad real de las bacterias que viven en los arrecifes de coral podría ser aún mayor, porque las herramientas moleculares utilizadas para estudiar el material genético a menudo excluyen, y pasan por alto, organismos que los científicos desconocen y que, por tanto, no figuran en ninguna base de datos.


https://www.abc.es/ciencia/tierra-numero-exponencialmente-mayor-bacterias-creiamos-20230605095627-nt.html

miércoles, 31 de mayo de 2023

🔼 Hallada vida en el lugar más infernal de la Tierra

 

Un equipo científico encuentra extraños microbios viviendo en el desierto de Etiopía, uno de los puntos más cálidos y bajos del planeta



Un equipo de científicos ha encontrado vida en uno de los desiertos más hostiles de la Tierra, la depresión del Danakil, en Etiopía. En este antiguo fondo marino, algunas de cuyas zonas están a 150 metros por debajo del nivel del mar, se alcanzan temperaturas de unos 50 grados centígrados. La corteza terrestre es en este punto extremadamente delgada, apenas 15 kilómetros, y bajo ella se encuentra una enorme piscina de lava ardiente. El agua del mar se cuela por el subsuelo y produce un espectacular paisaje de piscinas y chimeneas termales de agua que brota a más de 100 grados y tiñe la tierra con colores espectaculares debido a los minerales y metales presentes en el terreno.


“Es el lugar más extremo que he encontrado en la Tierra”, explica Felipe Gómez, investigador del Centro de Astrobiología (Madrid) y autor principal del descubrimiento, que se publica hoy en la revista Scientific Reports. “No solo es el más caluroso que se conoce, sino también el más ácido, tanto que está por debajo de cero, fuera de la escala”, resalta.

Desde 2015 el equipo de Gómez ha estado investigando las surgencias hidrotermales de Dallol, en una zona del sur de Etiopía vecina con Somalia y Yibuti donde no vive nadie y en donde nadie había pensado encontrar el menor rastro de vida.

Los investigadores han analizado las paredes de las chimeneas de los géiseres. En 2017 descubrieron unas estructuras esféricas extremadamente pequeñas en torno a las que se había formado una especie de caparazón de minerales. Los científicos realizaron análisis moleculares para determinar si había ADN activo en las muestras —un indicador de actividad biológica— y podían atribuirlo a alguna especie. “Hemos encontrado al menos dos especies de bacterias y arqueas probablemente nuevas”, explica Gómez. “Una de ellas pertenece al grupo de las nanohaloarqueas. Se trata de organismos esféricos de unos 50 nanómetros, tres veces más pequeños que otras bacterias. Se recubren de minerales y acaban recubiertos por una capa de minerales como si estuvieran fosilizadas”, describe Gómez.


“Las nanohaloarqueas se describieron por primera vez en 2012, estudiando un lago hipersalino de Australia y, casi a la vez, en las salinas de Santa Pola [Alicante]”, explica Josefa Antón, microbióloga de la Universidad de Alicante. “Se encuentran muy frecuentemente y con cierta abundancia en ambientes hipersalinos de todo el mundo pero no se han cultivado hasta la fecha”, resalta. "Lo que más llama la atención es lo importantes que parecen ser unos microorganismos que prácticamente se acaban de descubrir y que resulta que están por todas partes y no los habíamos detectado, seguramente en parte por falta de herramientas. El ambiente que han estudiado es realmente extremo, por lo que puede ampliar los escenarios donde es posible que haya vida", añade la científica.

Es la primera vez que se encuentra vida en Dallol, aunque otros equipos la habían buscado antes. El hallazgo tiene grandes implicaciones para la búsqueda de vida en otros planetas. “Este lugar es muy parecido a Marte en su origen, hace miles de millones de años, y también a la Tierra cuando se estaba enfriando el océano de lava que la recubría”, señala el investigador. Una de las teorías más plausibles sobre el origen de la vida en la Tierra es que tuviera lugar en chimeneas hidrotermales, en este caso submarinas, en cuyo interior se podrían haber comenzado a ensamblar primero el ADN y luego las membranas protectoras para dar lugar a los primeros seres vivos. “El hallazgo nos va a ayudar a buscar vida en Marte”, asegura Gómez, que forma parte del equipo científico de las misiones de exploración marciana de la NASA que lanzaron el Curiosity, así como del nuevo vehículo que la agencia desplegará en el planeta en 2020.

ENLACES:

https://elpais.com/elpais/2019/05/27/ciencia/1558946204_364974.html#?rel=mas

viernes, 28 de abril de 2023

🔼 Descubren el secreto de las bacterias para resucitar, incluso después de siglos de latencia

 Esa extraordinaria capacidad se debe a la existencia de un sensor celular capaz de detectar nutrientes en el entorno. Con una fuente de alimento cerca, la bacteria se reactiva y reemprende su actividad normal



Hace ya más de 150 años que los biólogos describieron por primera vez las esporas bacterianas (bacterias durmientes, inertes y encerradas en una cápsula protectora) y desde entonces se han preguntado cómo consiguen, incluso después de varias décadas en ese estado, volver de nuevo a la vida. Y ahora, un equipo de investigadores de la Escuela de Medicina de Harvard ha descubierto un 'sensor celular' que permite a las bacterias detectar la presencia de nutrientes en su entorno y, con el sustento garantizado, hacer que vuelvan rápidamente a la vida. El trabajo se publica esta misma semana en 'Science'.


Según se explica en el artículo, estos sensores funcionan como 'canales' a través de la membrana celular y permanecen cerrados durante el periodo de inactividad de la bacteria, pero se abren de inmediato al detectar posibles alimentos. Una vez abiertos, los canales permiten que los iones cargados eléctricamente fluyan a través de la membrana, poniendo en marcha el desprendimiento de las capas protectoras de las esporas y 'reiniciando' los procesos metabólicos de la bacteria después de años, o incluso siglos, de latencia.

El hallazgo podría ayudar a poner a punto estrategias para evitar que las bacterias más peligrosas, que causan un gran número de enfermedades, vuelvan a la vida tras permanecer inactivas durante largos periodos de tiempo, evitando así nuevos brotes e incluso pandemias.


«Este descubrimiento -asegura David Rudner, autor principal del estudio- resuelve un rompecabezas que tiene más de un siglo. ¿Cómo detectan las bacterias los cambios en su entorno y toman medidas para salir de la inactividad cuando sus sistemas están casi completamente apagados dentro de una vaina protectora?».


Una estrategia elaborada

Para sobrevivir en condiciones ambientales adversas, muchas bacterias adoptan una elaborada estrategia: entran en estado latente, poniendo 'en pausa' todos sus procesos biológicos, y se rodean con una sólida armadura protectora, una espora. Estas mini fortalezas biológicamente inertes permiten que las bacterias superen los períodos de hambruna y se protejan de los estragos del calor extremo, los períodos secos, la radiación ultravioleta, los productos químicos agresivos o incluso de los tratamientos con antibióticos.


Durante más de un siglo, los científicos saben que cuando las esporas detectan nutrientes en su entorno, se despojan rápidamente de sus 'armaduras' y vuelven a encender sus motores metabólicos. Y aunque el sensor que les permite detectar nutrientes se descubrió hace casi 50 años, los medios para enviar la señal de alerta y cómo esa señal desencadena la reactivación bacteriana seguía siendo un misterio.


Normalmente, el proceso de señalización celular, gracias al que se desencadenan las más diversas reacciones, se basa en la actividad metabólica y, a menudo, involucra genes que codifican proteínas que a su vez producen moléculas de señalización específicas. Pero cuando una bacteria está inactiva, todos estos procesos se interrumpen. ¿Cómo pueden entonces las bacterias 'durmientes' generar una señal que las induzca a despertarse?


En este estudio, Rudner y su equipo descubrieron que el sensor de nutrientes en sí se ensambla en un conducto que abre la celda para que vuelva a funcionar. En respuesta a los nutrientes, el conducto se abre, permitiendo que los iones escapen del interior de la espora. Esto inicia una cascada de reacciones que permiten que la célula latente se desprenda de su armadura protectora y reanude plenamente su actividad.

Una investigación compleja

Los investigadores utilizaron múltiples vías para desentrañar paso a paso el hasta ahora inexplicable proceso de 'resurrección'. Desplegaron herramientas de inteligencia artificial para predecir la estructura del complejo sensor intrincadamente plegado, una estructura formada por cinco copias de la misma proteína sensora. Aplicaron después el aprendizaje automático para identificar las interacciones entre las subunidades que componen el canal. Y también usaron técnicas de edición de genes para inducir a las bacterias a producir sensores mutantes, como una forma de probar si se cumplen, o no, las predicciones basadas en computadora en las células vivas.


«Lo que me encanta de la ciencia - dice Rudner- es cuando haces un descubrimiento y de repente todas estas observaciones dispares y sin sentido aparente encajan. Es como si estuvieras resolviendo un rompecabezas, encuentras dónde va una pieza y de repente puedes encajar seis piezas más muy rápidamente».


Rudner describe este descubrimiento como una serie de observaciones confusas que fueron tomando forma lentamente, gracias a un equipo de investigadores con diversas perspectivas que trabajaron juntos y bien coordinados. En el camino, recuerda el científico, el equipo hizo observaciones sorprendentes que los confundieron, pistas que sugerían respuestas que no parecían tener la posibilidad de ser ciertas.


Uniendo las piezas

Una de las primeras pistas surgió cuando Yongqiang Gao, investigador en el laboratorio de Rudner, llevaba a cabo una serie de experimentos con el microbio Bacillus subtilis, que normalmente vive en el suelo y que es un 'primo' de la bacteria que causa el ántrax. Gao introdujo genes de otras bacterias que forman esporas en B. subtilis para explorar la idea de que las proteínas no coincidentes interfieren con la germinación. Pero para su sorpresa, descubrió que, en algunos casos, las esporas bacterianas se despertaban sin problemas con un conjunto de proteínas de una bacteria sólo lejanamente relacionada.


Lior Artzi, otro de los investigadores del laboratorio, ideó una explicación para el hallazgo de Gao. ¿Y si el sensor fuera una especie de receptor que actúa como una puerta cerrada hasta que detecta una señal, en este caso un nutriente como un azúcar o un aminoácido? Una vez que el sensor se une al nutriente, la puerta se abre y permite que los iones fluyan fuera de la espora.


Al principio, Rudner se mostró escéptico sobre esta hipótesis porque el receptor no tenía casi ninguna de las características de un canal iónico. Pero Artzi insistió, argumentando que el sensor podría estar compuesto por múltiples copias, trabajando juntas en una estructura más compleja.


Jeremy Among Otro de los investigadores y uno de los primeros en adoptar la herramienta de IA AlphaFold, que puede predecir la estructura de proteínas y complejos de proteínas, también estaba estudiando la germinación de esporas y contaba con todo lo necesario para investigar el sensor de nutrientes. Dicho y hecho, la herramienta predijo que una subunidad particular del receptor se ensambla en un anillo de cinco unidades conocido como pentámero. La estructura predicha incluía un canal en el medio que permitía a los iones atravesar la membrana de la espora. La predicción de la herramienta de IA era justo lo que Artzi había sospechado.


Implicaciones para la salud

Según Rudner, comprender cómo las bacterias latentes vuelven a la vida no es solo un rompecabezas intelectualmente tentador, sino que tiene importantes implicaciones para la salud humana. Muchas bacterias capaces de entrar en letargo profundo durante largos períodos de tiempo son, en efecto, patógenos muy peligrosos, incluso mortales: la forma blanca en polvo del ántrax, sin ir más lejos, está compuesta de esporas bacterianas.


Otro patógeno peligroso capaz de formar esporas es Clostridioides difficile, que causa diarrea y colitis potencialmente mortales. La enfermedad causada por esta bacteria generalmente ocurre después del uso de antibióticos que matan muchas bacterias intestinales, pero que resultan inútiles contra las esporas latentes. Por eso, después del tratamiento, C. difficile despierta de su letargo y florece, a menudo con consecuencias catastróficas.


La erradicación de las esporas constituye también un importante desafío en las plantas de procesamiento de alimentos, porque las bacterias latentes pueden resistir la esterilización gracias a su armadura protectora. Y si la esterilización no tiene éxito, la germinación y el crecimiento pueden causar enfermedades graves transmitidas por los alimentos, además de cuantiosas pérdidas económicas.

Por eso, comprender cómo las esporas detectan los nutrientes y consiguen salir rápidamente de su inactividad puede permitir a los investigadores desarrollar estrategias que permitan, por ejemplo, esterilizar bacterias o bloquear su germinación, manteniéndolas atrapadas dentro de sus caparazones protectores e incapaces, por lo tanto, de crecer, reproducirse contaminar alimentos o causar enfermedades.

ENLACES:

https://www.abc.es/ciencia/descubren-secreto-bacterias-resucitar-incluso-despues-siglos-20230427184426-nt.html

miércoles, 12 de abril de 2023

🔼 Así pudo resistir la vida en una Tierra totalmente congelada

 Durante el último período 'Tierra bola de nieve' pudo existir una franja ecuatorial de aguas abiertas y no cubierta por los hielos que sirvió de refugio a la vida hace más de 600 millones de años


Imagen de la Tierra bola de nieve con una franja ecuatorial libre de hielo, generada por IA por José Manuel Nieves con tecnología Dall-E integrada en Bing

Si hace unos 630 millones de años alguien hubiera podido ver la Tierra desde el espacio, se habría encontrado con una gran bola blanca. Ni mares ni continentes eran visibles, tapados por una gruesa capa de hielo de medio km de grosor que se extendía de polo a polo de forma prácticamente uniforme. Con una temperatura media de 50 grados bajo cero, aquellos hielos globales permanecieron durante más de diez millones de años, dando lugar a un fenómeno que se ha repetido por lo menos dos veces en la historia del planeta. No en vano los geólogos se refieren a esos eventos como 'Tierra bola de nieve', y el de hace 630 millones de años fue el más reciente de los que se conocen.


¿Pero cómo pudo resistir la vida en aquellas condiciones? La respuesta ha sido, hasta ahora, un misterio para los científicos.

Un nuevo estudio dirigido por investigadores de la Universidad de Geociencias de Wuhan, en China, y recién publicado en 'Nature Communications' introduce, sin embargo, la idea de que aquella gran glaciación global pudo no haber abarcado toda la superficie del planeta.

La evidencia geoquímica de rocas antiguas, en efecto, sugiere que amplias zonas de mar abierto podrían haber quedado libres de hielo y haber persistido al norte del Trópico de Cáncer, una región que anteriormente se consideraba demasiado fría para albergar vida durante este período. «Había una zona habitable», afirma Shuhai Xiao, geobiólogo de la Universidad Estatal de Virginia y coautor del nuevo trabajo. Y probablemente fue «más ancha de lo que se pensaba».


Dudas razonables

Otros científicos no lo tienen tan claro. Las simulaciones climáticas, de hecho, tienen serios problemas para modelar un ecuador sin hielo durante los períodos de Tierra bola de nieve. Introducir la posibilidad de que hubiera una parte del océano al descubierto «hace que esto sea realmente difícil de tragar», dice Paul Hoffman, geólogo de la Universidad de Harvard y pionero en la hipótesis de la Tierra Bola de Nieve.


Desde la pasada década de 1960, los modelos climáticos han demostrado que es posible que se produzcan 'congelamientos planetarios' a partir de un simple ciclo de retroalimentación. Cuando bajan las temperaturas, los casquetes polares se expanden, reflejando la luz del Sol y creando más enfriamiento. Si el hielo logra extenderse hasta unos 30° o 40° de latitud, aproximadamente donde se encuentra hoy el norte de África, el clima global entra en un ciclo de congelación desbocado y los glaciares terminan cubriendo todo el planeta en unos pocos cientos de años.


Dos Tierras bola de nieve

El registro geológico indica que la Tierra ha experimentado al menos dos de estos gélidos períodos. El más reciente se conoce como la Edad de Hielo de Marinoan, hace entre 654 millones y 635 millones de años. La vida se limitaba entonces a los océanos y las criaturas grandes aún tenían que evolucionar, pero los fósiles muestran a las claras que los eucariotas microscópicos, como las algas, vivieron tanto antes como después del episodio. Dichos organismos requieren luz solar y agua abierta, dice Xiao. Por eso, «debemos imaginar algún tipo de refugio donde estas algas puedan sobrevivir».


Estudios anteriores ya demostraron que las corrientes impulsadas por tormentas pudieron haber circulado abiertamente en mares poco profundos durante aquella era gélida, aunque gran parte de la evidencia sigue siendo ambigua. Para estudiar las condiciones durante este período, Xiao y sus colegas examinaron una delgada capa de pizarra oscura encontrada en el Bosque Nacional Shennnongjia, en el sur de China y que data de la Edad de Hielo de Marinoan. Los investigadores creen que esa capa de esquisto se originó a partir de lodo oceánico rico en minerales que se depositó en latitudes medias, quizás entre 30° y 40° norte.


Pero Xiao y su equipo no sólo descubrieron que el esquisto no estaba repleto de fósiles de algas, sino también de compuestos de nitrógeno. Una gruesa capa de hielo habría aislado los océanos de la atmósfera, impidiendo que el oxígeno entrara en sus aguas. Pero los compuestos de nitrógeno se encontraron en niveles similares a los de los océanos modernos, lo que sugiere aguas bien oxigenadas y en las que el nitrógeno y el oxígeno podían interactuar libremente.


Estos resultados apuntan a que el área de la que procede el esquisto podría no haber estado cubierta de hielo y ser, por tanto, una morada segura en la que los organismos fotosintéticos pudieron prosperar. De ser cierto, sería necesario cambiar las simulaciones climáticas para encontrar la forma de mantener un océano abierto durante aquellos largos períodos de hielo global.


Los detractores de la idea, como Hoffman, siguen pensando que es mucho más probable que los fósiles de algas microscópicas se refugiaran en pequeñas piscinas poco profundas de agua dulce formadas directamente sobre los glaciares. Hoy en día, estas piscinas aparecen en las capas de hielo polar y brindan cobijo a los microbios adaptados al frío. Según este investigador, todas las algas modernas descienden de especies de agua dulce, lo que sugiere que las que vivían en los mares fueron eliminadas durante los períodos de la Tierra Bola de Nieve y tuvieron que volver a evolucionar después para regresar al océano. «No veo la supervivencia como un problema -sentencia Hofman- ni este artículo lo resuelve».


Aunque también sería posible una solución intermedia, en la que todos tienen una parte de razón. De hecho, podría haber habido un lapso de tiempo en el que incluso el ecuador se congeló y las criaturas vivientes se vieron obligadas a entrar en las piscinas glaciales. Pero ese intervalo pudo no haber durado todo el periodo glacial.

Los geólogos saben que la capa de esquisto oscuro proviene del Marinoan, pero no está claro exactamente en qué momento se formó dentro de aquella edad de hielo. Tal vez las rocas sean testigos de los últimos días de la era, una época en la que las capas de hielo ya habían comenzado a retirarse, una perspectiva con la que Xiao y sus colegas están de acuerdo.

ENLACES:

https://www.abc.es/ciencia/pudo-resistir-vida-tierra-totalmente-congelada-20230410101639-nt.html

martes, 28 de marzo de 2023

🔼 DESCUBIERTO EL PRIMER «VIROVORO»: UN ORGANISMO QUE SE ALIMENTA DE VIRUS

 


RESUMEN:

Los científicos han identificado un microorganismo, común en las charcas, que come virus como fuente de alimento

Para cualquier tipo de materia orgánica, lo más probable es que algún tipo de organismo haya evolucionado para comérsela. Plantas, carne, algas, insectos y bacterias son consumidos por diferentes criaturas, pero ahora los científicos han descubierto algo nuevo en el menú: los virus.

Como los virus se encuentran en todas partes, es inevitable que los organismos los consuman de forma accidental. Pero el investigador John DeLong, de la Universidad de Nebraska-Lincoln, quería averiguar si algún microbio se alimentaba activamente de virus y si esa dieta podía favorecer el crecimiento fisiológico de los individuos y el crecimiento de la población de una comunidad.

Los virus están compuestos de nutrientes interesantes: ácidos nucleicos, mucho nitrógeno y fósforo, lo que quiere decir que deberían ser apetitosos para algún ser vivo lo suficientemente pequeño para que constituyan una merienda sustancial.

Para probar la hipótesis, DeLong y su equipo recogieron muestras de agua del estanque, aislaron diferentes microbios y luego añadieron grandes cantidades de clorovirus, un habitante de agua dulce que infecta a las algas verdes. Durante los días siguientes, el equipo siguió el tamaño de la población de los virus y de los demás microbios para ver si éstos se comían a aquéllos.

Y, efectivamente, un microbio en particular parecía alimentarse de los virus: un ciliado conocido como Halteria. En muestras de agua sin otra fuente de alimento para los ciliados, las poblaciones de Halteria crecieron unas 15 veces en dos días, mientras que los niveles de clorovirus se redujeron 100 veces. En las muestras de control sin el virus, Halteria no creció en absoluto.

En pruebas posteriores, el equipo marcó el ADN del clorovirus con un colorante fluorescente y descubrió que las células de Halteria pronto empezaron a brillar. Esto ayudó a confirmar que la Halteria estaba consumiendo el virus.

Estos experimentos demuestran que el recién acuñado término «virovoría» puede ocupar ahora su lugar entre herbivoría, carnivoría y otros, y la Halteria se corona como el primer viróvoro conocido. Pero, por supuesto, es poco probable que sea el único que existe, y los investigadores tienen previsto seguir investigando el fenómeno, incluidos sus efectos en las redes tróficas y en sistemas más amplios como el ciclo del carbono.

ENLACES:

https://quo.eldiario.es/ciencia/q2212503717/descubierto-el-primer-virovoro-un-organismo-que-se-alimenta-de-virus/

viernes, 20 de enero de 2023

🔼 Magnetorecepción: así funciona el GPS de las aves

 

¿Cómo consiguen las palomas mensajeras entregar un mensaje correctamente o algunas aves orientarse a través de rutas migratorias de miles de kilómetros? El secreto se halla en un sentido conocido como magnetorrecepción. Esto es lo que los científicos saben sobre él.



Cuando era solo un niño me fascinaba el hecho de que algunas personas pudieran atar un pedazo de papel a las patas de una paloma para enviar un mensaje a cualquier parte. A ojos de un infante, amaestrar a un pájaro para tal tarea tomaba el tinte de una hazaña épica. Más si cabe, cuando un padre aficionado a la historia contaba, con la intención de alimentar la intrínseca curiosidad infantil, que estas aves habían sido empleadas en sendas Guerras Mundiales para, cámara en pecho, delatar las posiciones del enemigo en el frente. Puede decirse que los primeros drones de la historia fueron de carne y hueso... y también plumas.

Por pasar gran parte de mi infancia en un entorno rural, no tarde demasiado en averiguar como era posible. La explicación era sencilla, más no por ello menos asombrosa. Las palomas no viajaban a ningún destino decidido por sus amaestradores humanos, si no que instintivamente se limitaban en volver a casa. Sin embargo, era inevitable que las preguntas siguieran surgiendo de una mente inquieta ¿Cómo hacían las palomas para, después de viajar en jaulas a veces durante cientos de kilómetros, regresar al lugar exacto del que procedían?¿Cómo se orientaban?¿Cómo sabían cual era la dirección correcta?

La respuesta a estas preguntas, no obstante, llegó algunos años después. Las palomas, al margen de una vista y una memoria espacial excepcional, cuentan, al igual que otros muchos animales, con una habilidad que escapa a las capacidades humanas: la magnetorrecepción. Quizá pueda decirse que se trate de un sentido añadido. Así, la magnetorecepción, también conocida como magnetocepción, es la capacidad de algunos seres vivos de percibir la dirección y el sentido de los campos magnéticos terrestres.


Sin embargo, pese a tratarse de una de las habilidades más estudiadas durante los últimos años, los mecanismos de la magnetorrecepción siguen siendo un misterio para los científicos a día de hoy, y sobre su funcionamiento se barajan varias hipótesis. Así, según un estudio publicado en el año 2019 en la revista Journal of The Royal Society Interface bajo el título Magnetoreception in birds, las aves pueden usar dos tipos de información del campo geomagnético terrestre para orientarse: la dirección de las líneas de campo, la cual funcionaría como una brújula y la intensidad magnética.


El modo en que lo consiguen podría estar relacionado con varias estructuras. Una de ellas serían unas partículas de magnetita situadas en la parte alta del pico de las aves que podrían funcionar como una brújula. Sin embargo, esta hipótesis fue descartada hace algunos años al demostrarse que estas estructuras no estaban conectadas en medida alguna con el sistema nervioso de las aves, y concluía por tanto que la brújula de las aves no se encuentra en su pico.

La hipótesis en la que más se está investigado en la actualidad se basa en una explicación química relacionada con la vista de las aves. Según esta, en los ojos de las aves se producirían una reacciones químicas sensibles tanto al magnetismo de la Tierra como de la luz, lo que les permitiría orientarse. El inicio de estas reacciones debe ser inducida inducida por fotoexcitación, es decir, por la propia luz, lo que explica que el secreto de la magnetorecepción de las aves se encuentre en los ojos. Esta se llevaría a cabo gracias a unas proteínas llamadas criptocromos, las cuales se ha demostrado que tienen una función regulatoria en los ritmos circadianos de muchos animales y plantas.


Pese a todo ello, los fundamentos de la magnetorecepción en las aves se encuentran en fase de investigación, y aún existen muchas incógnitas acerca de como el procesado de esta información llega a su cerebro. Incontables experimentos, por ejemplo, han demostrado que la ubicación de imanes en la cabeza de la aves o la inducción de campos magnéticos eran capaces de desorientar a los animales, una prueba más de la relación de la orientación de las aves con el magnetismo, sin embargo, todavía habrá que esperar a los resultados de futuras investigaciones para desvelar las razones últimas de como las palomas consiguen volver a su hogar. Cuando lo averigüe se lo contaré al niño que fui.

ENLACES:

https://www.nationalgeographic.com.es/naturaleza/magnetorecepcion-asi-funciona-gps-aves_19100?utm_source=facebook&utm_medium=social&utm_campaign=trafico&fbclid=IwAR1C0WW1yPK2kBUQDs_IbLMZCNsK9Q7Ouo8NvHaFLPpmNIAWLtdwe6GLh_M

lunes, 28 de noviembre de 2022

🔼 La curiosa evolución de los ácaros de la piel de los humanos

 Una singular investigación ha desvelado nuevos datos, que pueden resultar incluso inquietantes, sobre el 'Demodex folliculorum', una especie de ácaro que vive en la piel de casi todos los humanos adultos.



Ni siquiera quienes son más escrupulosos y todos aquellos que están obsesionados con la higiene podrían evitar, por mucho que lo intentasen, que unos seres vivos de minúsculo tamaño vivan sobre el cuerpo humano, se alimenten de las sustancias que secretan los poros de la piel y lo más increíble y perturbador de todo: ¡Que se apareen en nuestra cara mientras dormimos! Estos microscópicos seres, cuyo nombre científico es Demodex folliculorum, miden apenas 0,3 milímetros y son muy parecidos a una lombriz diminuta. Estos ácaros se activan por la noche y pasan su vida en el cuerpo de casi todos los humanos, principalmente durante la etapa adulta que es el momento en el cual se desarrollan los poros.

Para saber más sobre estos singulares parásitos, investigadores de varias instituciones, entre ellas la Universidad de Valencia y el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), acaban de publicar un estudio en Molecular Biology and Evolution que revela que estos seres de apariencia aterradora y que parecen haber llegado del espacio exterior poseen ciertas particularidades hasta ahora desconocidas, como la posición del pene en los machos y otra asimismo muy curiosa: tienen ano. "Descubrimos que estos ácaros tienen una disposición diferente de los genes de las partes del cuerpo a otras especies similares. Estos cambios en su ADN han resultado en algunas características y comportamientos corporales inusuales", afirma Alejandra Perotti, profesora en la Universidad de Reading y una de las autoras del estudio. Pero lo más importante, y tal vez más inquietante, es que la secuenciación de su genoma ha revelado que Demodex folliculorum puede estar convirtiéndose en un organismo tan simple que muy pronto podría llegar a ser asimilado por los humanos debido a su aislamiento y a la protección que le ofrece el interior de los poros. Todo ello le permite desprenderse de los genes y de las células innecesarias.

UN ÁCARO EN VÍAS DE EXTINCIÓN

De este modo, el aislamiento en que viven estos seres, sin amenazas externas ni competencia con otros ácaros genéticamente distintos, ha convertido a Demodex folliculorum en un organismo extremadamente simple con unas patas diminutas impulsadas por tres músculos unicelulares. Este debilitamiento genético es el culpable de su comportamiento nocturno. Estos ácaros carecen de protección UV (luz ultravioleta), han perdido el gen que hace despertar a los animales con la luz del día y tampoco producen melatonina (hormona segregada por el cuerpo que es la responsable de regular los ciclos de día y de noche o los de sueño-vigilia). Sin embargo pueden aparearse toda la noche utilizando la melatonina que secreta la piel humana durante las horas nocturnas.

El aislamiento ha convertido a Demodex folliculorum en un organismo extremadamente simple.

Otra curiosidad sobre estos ácaros es que los machos tienen un pene que sobresale hacia arriba, por lo que tienen que colocarse debajo de la hembra para aparearse mientras se aferran al cabello humano. Pero también han de enfrentarse a algunos inconvenientes. Es posible que la falta de parejas potenciales, que podrían añadir genes nuevos a su descendencia, pueda haber puesto a estos ácaros en peligro de extinción. Hasta la fecha, algunos investigadores habían asumido que esta especie de parásito no tenía ano y por lo tanto acumulaban todas sus heces a lo largo de la vida antes de liberarlas al morir, provocando inflamaciones de la piel. Sin embargo, este estudio ha confirmado que, por el contrario, sí lo tienen y los ha descartado como posibles culpables de estas molestas afecciones cutáneas. "Se ha culpado a los ácaros por muchas cosas. La larga asociación con los humanos sugeriría que también podrían tener roles beneficiosos simples, pero importantes, por ejemplo para mantener los poros de nuestra cara destapados", señala Henk Braig, de la Universidad de Bangor (Gales), otro de los autores del estudio.

ENLACES:

https://www.nationalgeographic.com.es/ciencia/curiosa-evolucion-acaros-piel-humanos_18424

martes, 22 de noviembre de 2022

🔼 ¿Por qué no hay mosquitos en invierno?

 Con el descenso de las temperaturas estos insectos hibernan, deteniendo su ciclo vital durante unos meses y reanudándolo con el incremento de las temperaturas



A lo largo del año el ciclo biológico de algunos seres vivos sigue una serie de pautas marcadas por la climatología. Así, por ejemplo, con la llegada de la primavera aparece la floración, en esa época las golondrinas retornan de sus campamentos invernales africanos, durante los meses estivales se incrementan las picaduras de dípteros…


La ciencia que estudia la relación entre el ciclo de la vida y el clima se conoce como fenología. Los datos fenológicos se utilizan para comparar climáticamente diferentes zonas geográficas y a partir de ellos es posible realizar mapas de isofenas (curvas de representación cartográfica).

El término mosquito fue introducido en nuestro idioma hacia el año 1400 y deriva del italiano 'moschetto', un vocablo que hace referencia a una pequeña flecha lanzada desde un dispositivo semejante a una ballesta. En la actualidad este término se aplica para designar a miembros de varias familias de insectos del orden de los dípteros y del suborden de los nematóceros.


Las hembras de estos insectos requieren del aporte de ciertas proteínas de la sangre para poder iniciar el ciclo gonotrófico y realizar la puesta de huevos. En el transcurso de una semana son capaces de poner entre 80 y 200 huevos, la mitad de los cuales darán lugar a mosquitos hembras.


Los huevos, invisibles al ojo humano, son depositados en grupos de cincuenta -conocidos como navículas, por su semejanza a pequeñas naves- en zonas de agua estancada, en donde eclosionarán, pasadas 24-48 horas.


La duración de la fase de larva dependerá básicamente de la temperatura y al final de la misma se producirá una transformación, tras la cual se iniciará la fase de pupa, que tendrá lugar en la superficie del agua. Finalmente llegarán a la fase adulta, durante la cual los mosquitos abandonan el agua y se alimentan del néctar de las flores.

Los mosquitos hibernan

La esperanza de vida de los mosquitos varía, habitualmente, entre 10 y 30 días, y depende de varios factores: el sexo, la alimentación, la humedad, la época del año y la especie. Los mosquitos machos tienen una vida más corta que las hembras, generalmente viven tan sólo diez días después del apareamiento, por lo que nunca llegan a alcanzar los meses invernales.


Por el contrario, las hembras sí sobreviven a los rigores del invierno. Su estrategia consiste, básicamente, en incrementar el peso -hasta diez veces el peso corporal normal- y buscar un refugio en el cual protegerse cuando descienden las temperaturas. Entran en un estado de hibernación conocido como diapausa en el que pueden permanecer hasta seis meses sin necesidad de hidratarse.

Habitualmente los mosquitos hembra se esconden al amparo de los árboles o en zonas con agua estancada, de donde saldrán de su letargo cuando suban las temperaturas, buscando sangre para alimentarse tanto ellas como sus crías.


Algunas especies de mosquitos pasan la hibernación no en la fase adulta sino en la de larva. Lo hacen siempre en el agua, que al estar tan fría tienen que suspender la respiración, permaneciendo inmóviles en el fondo. En otros casos, como el mosquito tigre, la hibernación se produce en la fase de huevo.

Una última curiosidad, en el año 2013 un paleontólogo estadounidense encontró un mosquito fosilizado en cuyo estómago todavía quedaban restos de sangre de su última víctima. La sangre tenía una antigüedad próxima a cuarenta y seis millones de años y pertenecía a un ave.

ENLACES:

https://www.abc.es/ciencia/mosquitos-invierno-20221118121926-nt.html